Testimonio Dani Pedrosa, explica su experiencia con el dolor crónico que sufría en su antebrazo, por fibrosis post-quirúrgica.

Podéis leer la entrevista que nos hicieron desde motorsport:

En el Instituto Saló Darder, el integrante de Honda acude regularmente, antes y después de las carreras, y recibe el tratamiento que le ofrece una máquina bautizada con el nombre de PHYSIUM System®.

Este año se cumple una década de su debut, siempre enfundado en el mono de HRC, pero no ha habido una sola temporada en la que las lesiones, el dolor, o ambos, le hayan dejado mínimamente en paz. Sin embargo, Pedrosa confía esta vez en haber dado con la tecla adecuada que le permita arrancar el curso más fuerte que nunca, después de haber podido aumentar el volumen y la intensidad de su puesta a punto física.

Hace poco más de un año, el corredor tocó fondo al verse obligado a bajarse de la moto. Se perdió grandes premios (Austin, Argentina y Jerez) por culpa de los dolores en los antebrazos provocados por el síndrome compartimental. Tras una tercera operación en la que se le extirparon las fascias que recubren los músculos del brazo, el español volvió a correr en Le Mans. Desde entonces, es otro.

La cirugía fue bien, pero todavía fue mejor la terapia de recuperación que descubrió un poco más tarde en un centro de fisioterapia del barrio de Gracia de Barcelona. Pedrosa acude al Instituto Saló Darder regularmente, antes y después de las carreras, y recibe el tratamiento que le ofrece una máquina bautizada con el nombre de PHYSIUM System®.

Su funcionamiento lo explica a Motorsport.com Jordi Saló Darder, su inventor: “Todo consiste en movilizar de forma controlada la cicatriz y las adherencias post-quirúrgicas, para conseguir mayor flexibilidad, y así mejorar progresivamente la presión fascial sobre el sistema neurovascular y muscular, reduciendo el dolor y la inflamación del paciente”. Antes de descubrir este centro y la tecnología que esconden sus aparatos, Pedrosa se encontraba en un callejón sin salida.

La musculatura de sus brazos estaba completamente hipetrofiada, y al margen de eso, su tendencia a formar fibrosis –cicatrices fuertes– le aprisionaba los nervios de la zona, especialmente en situaciones de mucho estrés y agotamiento físico. Todo ello se traducía en una pérdida de sensibilidad que iba in crescendo con el paso de las vueltas hasta hacerse prácticamente insoportable a final de carrera.

Fueron muchos los que apercibieron que algo había cambiado en la cabeza del 26 al final de la temporada pasada. Se le vio más agresivo que nunca en Aragón, donde peleó cuerpo a cuerpo con Valentino Rossi y le ganó el pulso al italiano, y se impuso en dos de los últimos cuatro grandes premios (Japón y Malasia).

En valencia, en la prueba que cerró el calendario, le recuperó a Lorenzo (el líder) dos segundos en seis vueltas, un final de carrera espectacular impensable hace solo seis meses por culpa de sus brazos. “En dos sesiones ya me di cuenta de que funcionaba”, reconocía Pedrosa este miércoles a Motorsport.com.

“Hay una mejora evidente porque tenía un hándicap físico, y ello también creaba otro, mental. Yo salía a carrera condicionado. Y cuando te liberas, lo notas. Ya no solo porque puedes reaccionar mejor sobre la moto, que también, sino que sabes que lo vas a hacer”, puntualiza.

“Parece raro, pero el cuerpo tiene memoria. Si en una zona has sufrido dolores durante mucho tiempo, tu cuerpo parece estar resignado a aceptar que esté curado, entonces te toca enseñarle. Eso se hace de forma progresiva y paulatina”, argumenta el chico de Castellar del Vallès (Barcelona), que antes de conocer esta técnica “apenas podía dormir por culpa del dolor”.

Al margen de los problemas que pueda provocarle en estos momentos su moto, al catalán se le ve contento y con mucha confianza, y a ello ha contribuido de forma incuestionable la recuperación de sus brazos. De hecho, está tan entusiasmado con este nuevo tratamiento que incluso se ofreció voluntario para darlo a conocer a través de un video en el que relata su experiencia.



Testimonio Laia P.M 

Mi nombre es Laia P.M. y tengo 34 años. Soy titulada en Fisioterapia y Médico Especialista en Angiología y Cirugía Vascular. A los 29 años, momento en el cual mi carrera de cirujana alcanzaba un momento de auge y satisfacción plena, empecé a sufrir dolor lumbar diariamente. Inicialmente lo atribuí a la exigencia física de mi trabajo y al estrés, pero después de muchos meses de no encontrar alivio a mi dolor, acudí al especialista y me diagnosticaron una espondilolistesis L5-S1 asociada a 3 discopatías degenerativas de los discos de L4-S1. Por este motivo, en mayo de 2013 me realizaron una fijación posterior móvil llamada Dynesis desde L3-S1. Nunca tuve dolor radicular antes de la cirugía, pero a las 48h de la intervención empezó un dolor urente y quemazón en la pierna izquierda, la causa era la compresión de la raíz de L5 por un clavo mal puesto. Por este motivo me re intervinieron a las 6 semanas y lo recolocaron mejorando parcialmente dicho dolor por el daño irreversible causado a la raíz nerviosa. A los 3 días me dieron el alta y estando en casa me desmayé a causa de una grave infección en la columna. Me operaron por tercera vez a los pocos días para limpiar bien la zona y estuve casi 9 meses tomando antibiótico. El dolor era distinto al que me llevó a la primera cirugía, pero iba en aumento, así que decidieron realizar un nuevo TAC en el que había una movilidad excesiva de 4 de los 8 tornillos que me habían puesto. Por este motivo tuvieron que re intervenir por cuarta vez para retirarme toda la prótesis ya que lo atribuyeron a la movilidad del dispositivo como consecuencia de la infección.

Esta fue la última cirugía, en marzo de 2014. En junio de 2014 me reincorporé al trabajo, pero las recaídas por intenso dolor eran innumerables. A pesar de tomar mórficos, el dolor no remitía. Posteriormente realicé diversos tratamientos de rehabilitación, estimulación cerebral para inhibir el dolor, natación, entrenador personal y otras muchas cosas que me ayudaron, pero no conseguía dejar la fuerte medicación.

Tras mucho tiempo de desesperación conocí el método Saló Darder y a su creador (Jordi Saló Darder) que junto al dispositivo Physium System® me han permitido acabar mi formación como médico especialista en Angiología y Cirugía Vascular, además de poder dejar la medicación. Empecé el tratamiento en abril de 2015, cuando me visitaron me dijeron que se trataba de un caso muy complejo y con una fibrosis postquirúrgica muy severa, pero me dieron esperanza a la cual me aferré desde el inicio. Al principio las sesiones que me realizaban eran muy suaves y con un único objetivo que era disminuir el dolor y relajar la zona, a pesar de esto, lo toleraba bastante mal, pero pasados 4-5 meses todo cambió y actualmente tengo un dolor residual en la zona lumbar en el lado izquierdo que cada vez se atenúa más, y solo en casos en los que el trabajo me exige muchas horas en quirófano tengo ese dolor que me llevó a operarme.

Como secuelas de la cirugía a parte de la fibrosis tengo un dolor neuropático en la cara externa del muslo que es lo que actualmente más me limita pero que cada vez está más controlado y lo mejor de todo, sin medicación que me dijeron que nunca podría abandonar. Me permite realizar deporte (natación, spinning, hacer excursiones) y llevar una vida activa casi normal.

Pol Espargaró. Campeón del mundo de Moto 2.

img_0404pol-espargaro-campeon-moto2_mdsima20131027_0159_6


Testimonio Albert M.

Me llamo Albert y en el año 2011 empecé con problemas relacionados con el nervio ciático por el cual acudí al hospital. Posteriormente fui teniendo varios episodios de lumbociática, cada vez más fuertes, hasta que en el 2012 me diagnosticaron en la clínica MIRAMAR de Mallorca de una hernia discal L5-S1, realizándome en esta misma clínica una laminectomía en Abril del año 2012.

A los tres meses de la operación la situación empeoró aumentando el dolor desde las cervicales hasta la cicatriz.

Un año después (2013), con episodios de crisis constantes, me hicieron una segunda resonancia magnética en el Hospital Trueta de Girona, en la cuál mostraba los siguientes cambios post quirúrgicos: Hemilanectomía derecha L5, hernia posterolateral derecha L5-S1, signos de aracnoiditis, espondiloartritis y compromiso en la salida de la raíz S1 derecha, retrolistesis C6, hernia posterolateral C6-C7 con compromiso en la raíz C7, protusión D5-D6, hernia D7-D8 y D8-D9.

Fui operado por segunda vez, la operación salió mal, por “mala praxis” del traumatólogo (se dejo una fístula abierta en L5-S1) me ingresaron otra vez en el Hospital Trueta por pseudomeningele con extensión del tejido celular subcutáneo y signos inflamatorios e infecciosos. Fue la tercera operación en diciembre del 2013.

Posteriormente a la cirugía seguía completamente contracturado, con dolor intenso diario de niveles 8 sobre 10 y 10 sobre 10, pasando gran parte del día en la cama, haciendo paseos cortos, realizando sesiones de fisioterapia y resignado al dolor.  Sometido a tratamiento farmacológico fuerte: diazepam, tryptizol, valium, tramadol, enantyum, lyrica, gabapentina, y ciclos de inzitan… y he tenido que visitar el hospital muchas veces para que me inyectaran medicación por vena.

Me derivaron a la unidad del dolor para realizar infiltraciones y aplicación de morfina, pero nunca llegué a tomarla porque pensé que la morfina me quitaría lo poco que me quedaba de vida activa, que ya no era mucha.

En Mayo del 2015 empecé a tratarme en el Instituto Saló Darder, a medida que fui realizando sesiones con Physium System las sensaciones de mi lesión crónica y del dolor constante, fueron mejorando hasta el punto de vivir sin medicación, ir al gimnasio cuatro días a la semana, ver como mi musculatura se normalizaba y, nuevamente, renovar mi ilusión para emprender nuevos retos. El tratamiento con Physium System y el equipo experto del Instituto Saló Darder no solamente me ha vuelto a dar calidad de vida, sino que me ha recuperado física y psicológicamente de toda la problemática de la cual los médicos se habían desentendido.

La vida es un regalo precioso, doy las gracias a Jordi Saló y su excelente equipo del Instituto Saló Darder por no haber tirado la toalla en ningún momento.

El dolor que puedo tener a día de hoy es mínimo, y cualquier tensión o crisis es muy pequeña, por lo tanto solo puedo estar agradecido…


Toni Bou, Team Repsol Honda, 20 veces campeón del mundo de Trial. Aprovechamos para felicitarlo por haber ganado el campeonato del mundo del 2016. 

img_0375

toni-bou



Testimonio Melissa:

Mi nombre es Melissa A. Tengo 26 años y sufría migraña crónica desde los 12 años. Estaba desesperada. Mis neurólogos ya no sabían qué hacer por mí, porque nada me iba bien. Y entonces, unos amigos me hablaron del Instituto Saló Darder, y me dijeron, que, en este sitio, les habían cambiado la vida. Y tenían toda la razón porque desde que empecé mi tratamiento en el instituto Saló Darder, mi vida dio un giro de 360°. Pasé de tener dolores 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año, a pasar semanas sin dolor de cabeza. Sólo puedo decir gracias por todos y agradecer el trato especial recibido por Mony, eres la mejor.


Testimonio Mercè:

Me llamo Mercè y tengo 61 años. Estoy en tratamiento desde el mes de Enero de 2016 en el Instituto Saló Darder. Fui allí, porque después de una operación de hernia discal en Febrero de 2015, continuaba teniendo dolor y molestias que no me dejaban hacer una vida normal. Estaba bastante desanimada. Había envejecido de golpe. El año anterior había hecho un trecking de seis días por el Atlas de Marruecos, y ahora no me veía con fuerzas ni de caminar un rato. Los médicos no me daban ninguna solución y los fisios no coincidían sobre el dolor que yo tenía; parecía que nadie me entendía.

En el Instituto Saló Darder por fin entendían lo que yo les explicaba, dónde tenía el dolor y buscaban soluciones.

Fue una liberación para mí. Y hoy, después de diez meses de tratamiendo, puedo decir que entre Ana y Jordi han conseguido que mejore mucho mi condición física. Se puede decir que las molestias son mínimas y que me permiten hacer una vida normal.

También ha mejorado mi estado de ánimo. Ahora estoy más contenta porque puedo salir a pasear, ir a exposiciones y museos, y jugar con mi niesto tirada por los suelos. También veo con esperanza el poder volver poco a poco a hacer montañismo, aunque con más tranquilidad que antes. Muchas gracias.


Testimonio Jordi L.

Mi nombre es Jordi y tengo 56 años. A los 40 años de edad me diagnosticaron una hernia discal entre L5 –S1. Llevaba años sometiendo a mi columna a altas dosis de sobreesfuerzos, tanto por mi trabajo (maquinaria pesada) como por mi hobby (motos de montaña y ATV) y el primer consejo médico fue pasar por el quirófano para fijar las vértebras correspondientes, pues ya no tenía disco.

Después de mi negativa y de 3 meses de dolor, me infiltraron corticoides y el alivio fue increíble. Pude seguir trabajando y practicando mi deporte favorito durante 8 años, eso sí, con  achaques y bloqueos puntuales y altas dosis de analgésicos y antiinflamatorios para calmarlos.

Pasado este tiempo, mi calidad de vida se fue deteriorando, pero mi negativa a la operación persistía. Tres infiltraciones de corticoides, fisios y más fisios, e incluso infiltraciones de ozono lograron calmar puntualmente los dolores punzantes y horrorosos que me atacaban a la columna, ahora ya desde el sacro a las vértebras cervicales. Esto representó dejar el deporte de motor, el gimnasio, etc…. con la consecuente pérdida de musculatura y el temido aumento de peso; por no nombrar el cambio de carácter y lo que esto representa para el que lo sufre y los que están a tu alrededor, familia, empresa, amigos… Pero eso sí, seguía trabajando día tras día, y acostumbrándome a vivir con el dolor y pasarme noches enteras sin poder dormir ni descansar.

Ya decidido a pasar por quirófano, después de consultar con una gran profesional del mundo quirúrgico, a la que me une un gran cariño y respeto, decidimos con el cirujano colocar dos prótesis de disco, pues mi columna había tomado una curvatura extraña llamada técnicamente” escoliosis degenerativa” con lumbarización en S1.

Dicho todo esto y ya casi en las puertas del quirófano, recibo una llamada del instituto Saló Darder con el que había contactado varios meses antes, me informaron que tenían un una posibilidad para una primera visita, (ya les había facilitado mi historial médico). Mi respuesta fue… ¿Cuándo?.., ¿Mañana?.., allí estaré!!!

El  viaje a Barcelona, 150Kms y el trayecto del parquing al Instituto: literalmente una agonía.

Pero mis males mejoraron después de la primera sesión, y de esto hace exactamente un año; con sesiones cada 7, 15 y 20 días, paulatinamente mi espada, mi cuerpo y mi mente están irreconocibles.

Desaparecieron las terribles rampas en piernas y brazos, puedo estar horas sentado o caminando sin dolor, descanso por las noches y duermo sin calmantes aunque el día haya sido durísimo en el trabajo.

El gimnasio vuelve a ser visita obligada 2,3 veces por semana y la báscula es mi amiga.

El mundo del motor es mi próximo reto y no voy a darme más de 6 meses para volver a vivir emociones perdidas i casi olvidadas. Eso sí, con la prudencia que conlleva la responsabilidad.

Ni que decir tiene que esto no sería posible contarlo, de no ser por la tenacidad de un hombre para lograr un objetivo que no es otro que inventar  algo para aliviar los males del prójimo y rodearse de profesionales dedicados a tal fin.

Desde aquí mi agradecimiento.

Gracies Jordi, gracies Alex.


Testimonio de Lluis D.

Tengo una lesión en el hombro derecho crónica provocada por un accidente de moto en Noviembre de 2015. He ido a diferentes especialistas, que me han tratado sin gran éxito. No encontraba ninguna salida ni esperanza.

Un conocido me habló sobre este centro, el Instituto Saló Darder, en el que aplicaban un método diferente por medio de un dispositivo de presión negativa. Y debido al dolor que padecía, decidí probarlo.

Las sesiones comenzaron suaves y con un efecto más lento, y a medida que ha ido avanzando el proceso, el tratamiento ha sido más profundo, pero al cabo de tres o cuatro días, el efecto ha sido más notable.

Después de haber hecho unas cuantas sesiones, poco a poco he ido recuperando la movilidad y el dolor, actualmente apenas tengo molestias, y lo más importante llevar una vida normal. Gracias.


Testimonio Rosa Maria S.y Juan Alberto L.

Somos un matrimonio de 56 años de Sant Celoni. Vimos los tratamientos que realizan en un programa de TV, y nos quedamos fascinados.

En mi caso, ya hace unos años tengo bastantes dolores en diferentes zonas de mi cuerpo y he probado de todo, sin resultados. Llamé para pedir hora al Instituto Saló Darder. A partir de aquel día, hace ahora un año, mi vida ha cambiado sustancialmente, pues, los dolores crónicos van desapareciendo, musculatura descontracturada, relajada ….total, mi calidad de vida a cambiado por completo, salgo como nueva.

El equipo es increíble, en especial Mony, una mujer cercana, simpatiquísima y muy profesional. Y pensar que mi marido, antimasajes, y anti todas estas cosas, lo probó y ahora está viciado del todo. A él le descontracturan, le tratan visceras y le hacen masaje craneal.

Esta perfecto!! En fin, nos a cambiado la vida, es una suerte haberles conocido.


Testimonio Diego León:

Tengo 65  años y, aproximadamente, a los 35 empecé a sufrir ataques fuertes de lumbalgia. Eran esporádicos, pero muy incapacitantes, me diagnosticaron una protrusión discal que no era, en principio, operable. Al aumentar la frecuencia de los ataques mi médico, un prestigioso neurocirujano de Barcelona, me planteó, en el año 1990, la solución quirúrgica. La intervención consistió en liberar un nervio sin tocar el disco.

La situación no cambió y ahí empezó un larguísimo peregrinaje por centros  de rehabilitación, reumatólogos, quiromasajistas e, incluso, cuatro o cinco curanderos de todo el territorio catalán de los que me hablaba la gente y a los que acudía porque “probar no cuesta nada”.

En 1995, después de uno de los ataques más fuertes, acudí, de nuevo, al neurocirujano que diagnosticó, ahora sí, una hernia discal en L4-L5. Ese mismo año me intervino quirúrgicamente, realizando una laminectomía.

La operación tuvo lugar en el mes de noviembre, e ingresé con un ataque lumbar que desde ese mismo momento se convirtió en permanente a pesar de la intervención.

De nuevo emprendí otro viacrucis de médicos y centros que no acertaban en concretar ningún diagnóstico ni solución para mi problema.

Finalmente, el mismo neurocirujano me remitió a la unidad del dolor del hospital clínico de Barcelona.

Mi situación laboral en el año 1996 consistía en una cadena sin fin de bajas laborales. En ese centro, se intentaron varias soluciones sin mucho éxito, y se me propuso la implantación de un estimulador eléctrico provisional para ver sus efectos. Los electrodos se colocaron en la zona afectada y el estimulador externamente mientras durara el periodo de pruebas. Tampoco esto solucionó el problema. El dolor continuaba sin disminuir.

Ante esto, se me propuso la implantación de una bomba antiálgica que se encargaría de la administración continuada de dosis controladas de mórficos en la zona lumbar.

Ante mi precaria situación física, acepté esa solución y a finales de 1996 tuvo lugar la operación para su implante. La situación mejoró y, con muchas limitaciones, me permitió llevar una vida con un nivel de calidad “aceptable” hasta la fecha.

Hace poco más de un año, una amiga me habló de un tratamiento que acababa de conocer en el Instituto Saló Darder.

Debo decir que desde el primer momento me sorprendió que, por vez primera, alguien supiera cual era el problema y cuales eran los puntos concretos que tratar de mi cicatriz, mi fibrosis, que coincidían con los que yo sentía y era donde radicaban los dolores. Durante este año la mejora ha sido evidente, yo he vuelto a hacer cosas que hacía 30 años que no hacía, por no enumerarlas todas, puedo decir que ahora puedo coger en brazos a mi nieto, cosa que casi no había podido hacer con mi propio hijo.

Yo sé que algo que se ha desarrollado durante tantos años debe ser imposible de eliminar y que requerirá un proceso más o menos largo, pero siento que estamos en el camino y no pierdo la esperanza.


Testimonio Antonia. S. 65a.

Me llamo Antonia y deseo compartir mi testimonio para dar a conocer mi recuperación física.

Ante todo, quiero expresar mi agradecimiento a Jordi Saló Darder por la terapia recibida y su buen hacer. Y gracias también a todo el equipo de fisioterapeutas, los cuales son todos ellos excelentes profesionales.

En el año 1989 me practican mi primera intervención de columna vertebral, en el año 2002 tuvieron que practicarme una segunda intervención, realizando una laminectomía media lumbar, y transcurridos unos años, el dolor volvió con gran intensidad, tenía dolor en la zona lumbar, sacra, y en toda la pierna iz, el neurocirujano me dice que mejor no volver intervenir por tercera vez. Durante 3 años he sufrido intensos dolores, con gran limitación de la calidad de vida, no podía salir andar, dificultad para estar derecha, por la noche sufría de dolores intensos en espalda y pierna iz por lo que no podía descansar correctamente, se le suma unos temblores importantes en las cervicales y cabeza por tensión que tenía a los paravertebrales. Todos los tratamientos que había probado no funcionaban, estaba desesperada, era un caso muy difícil….

Hace un año que empecé la terapia en el Instituto Saló Darder, el dolor a mejorado de forma muy importante, el dolor de la pierna iz a desaparecido, puedo dormir por la noches SIN dolor,  el dolor lumbar se a reducido en un 90%, puedo salir andar cada día entre 45 y 60 minutos, los temblores en el cuello an cambiado por completo, he podido volver hacer yoga….

Gracias a Ricard y Jordi por entregarse a mi causa, por no abandonarme, mi evolución ha sido muy buena.

Inmensamente agradecida.


Testimonio Eddy V.

Mi nombre es Eddy V. Sufría dolores muy severos en la zona lumbar y sacra desde hace por lo menos 10 años, y ciáticas muy a menudo.

Estos dolores se fueron intensificando hasta hacerse realmente intensos y me comportaban graves consecuencias evidentes, la perdida de sensibilidad y tacto en ambas piernas, además de las provocadas por la medicación por sus terribles efectos secundarios.

La pruebas radiológicas, resonancias, etc. demostraban graves afectaciones de las vértebras dorsales y sacras, y hernias discales descendentes con calcificaciones de las mismas.

Los traumatólogos visitados solo aconsejaban una intervención urgente temiendo un problema nervioso donde la mejor solución era el “cosido” de dichas vértebras.

Queriendo evitar de todas las maneras esta intervención he buscado muchas soluciones alternativas, unas con mejores resultados que otras. De lejos la mejor y con un resultado magnífico ha sido el trabajo realizado por el Instituto Darder.

Jordi y Manel me han realizado un tratamiento en dos fases cuyo resultado a sido la desaparición total del dolor y el gradual (aunque no total, por el momento) restablecimiento del tacto y sensibilidad en las piernas.

La desaparición de estos dolores me ha permitido prescindir de la medicación, poder volver a mis ocupaciones de mi vida anterior, un cambio de humor y una mejora de actitud frente a la vida. También he vuelto a hacer deporte.

Quiero mencionar el trato espectacular, sensible a mi situación, el interés, la delicadeza y el compromiso de Jordi y Manel para ayudarme desde la perspectiva profesional, pero también y no menos importante, en la parte humana.